ZZ…“un anticatalogo de ideas en torno al arte NO convencional”…ZZ

23.2.11

EL ASALTO DE LA BRIGADA MANTEQUILLERA

EL ASALTO DE LA BRIGADA MANTEQUILLERA
Christian “Guso” Olivo

Cuando era niño, mis hermanos y yo éramos muy peleones, entre nosotros o en alianza contra cualquier otro grupo de niños. Nos encantaba pelear, proferir insultos cargados de crueldad infantil y lanzar cosas, casi cualquier cosa que uno pudiese levantar con las manos. O entre dos.
En una oportunidad, los nietos de los viejitos de la casa de al lado estaban visitando a sus abuelos y el simple hecho de escuchar voces de otros niños en nuestro territorio ya nos ponía en DEFCON 2. No tardó mucho en que empezáramos la guerra de insultos y proyectiles por sobre del muro que separaba las casas. "Eres pobre" , "Mi papá le gana al tuyo" , “Eres marrón” , "Mis zapatos corren más duro que los tuyos" . En fin, lo usual.
En una de esas descargas, lancé un limón podrido con toda la fuerza que un mocoso flaco de unos 7 años puede tener y se lo estallé en el ojo al más grande de los enemiguitos, que por supuesto se puso a llorar. Seguidamente escuchamos a un adulto de la casa gritándonos "¿QUÉ PASA AHÍ?" y nos chorreamos todos. Era esa época en que cualquier figura adulta era una autoridad a temer, un desconocido estaba en pleno derecho de darte un par de nalgadas si te le quedabas viendo mucho rato; así que pensábamos que iban a venir a regañarnos y decidimos que la mejor salida sería decir que ellos empezaron y que debíamos forjar rápidamente evidencia sólida e irrefutable. En medio de nuestra tormenta de ideas, surgió la genialidad de untarnos la cabeza con mantequilla.... ¿dije untrarnos?... más bien: untarME y decir que ellos me habían lanzado una bola de mantequilla de buenas a primeras y porque sí, porque eran malos. Sonaba tan lógico que pusimos manos a la obra de inmediato. Yo me dejé untar un pote entero de mantequilla entre todos mis hermanos, tranquilazo, como si fuese champú barato; más por mi condición de conejillo de indias que por ser culpable del limonazo, además de salpicarme agua en los ojos para que pareciera que había estado llorando.
Así, envalentonados con nuestro sólido caso y sin mucho ensayo, nos paramos frente a la acera de la casa a esperar que salieran y pagaran por el daño moral infligido. Al rato salieron, normal, como cualquier visita de hijos y nietos que se despiden alegremente de los abuelitos en el portal de la casa... pero no contaban con el abordaje de estos carajitos rabiosos por una bola de mantequilla. A nuestra rabia se sumó la indignación por la incredulidad de los señores, así que su condición de "adultos a los que hay que respetar y temer" se desvaneció y comenzamos la descarga de insultos, pendientes en los alrededores a cualquier objeto que pudiera lanzarse. A la primera reacción su parte, nos volvimos a chorrear y corrimos hasta la seguridad de la casa, pero continuamos con la discusión a través de la ventana hasta que eventualmente se dieron cuenta que no tenía caso y se fueron. Ganamos, nadie nos lanza una bola de mantequilla y se va impune.


*Secuelas a corto plazo:

El reclamo a nuestros padres, el regaño, las disculpas, el castigo, etc... pero siempre nos mantuvimos firmes en que ellos habían empezado al lanzarme una bola de un kilo de mantequilla. Lo que nunca pudimos explicar convincentemente fue como es que me la untaron en toda la cabeza desde el otro lado del muro y a donde había ido a parar el tarro de mantequilla de nuestra nevera, pero esos son detalles menores.


*Secuelas a largo plazo:

La víctima del limonazo en el ojo fue luego mi preparador de la materia más difícil en la universidad, de la que sólo recuerdo el culillo de que me recordase y mis esfuerzos por mimetizarme en el grupo. No sé si lo logré, pero fue la peor nota de toda mi carrera. Karma, que mientan.


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